Cuando la generación de cristal refleja al adulto roto

Los jóvenes no son cristal que se quiebra fácil. Son espejos que nos devuelven, con dolorosa claridad, la imagen de lo que aún no hemos sanado en nosotros.

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¿Porqué le decimos… “frágiles” o generación de “cristal”, cuando en realidad, ellos son el reflejo de un adulto que muchas veces está roto, con vacíos emocionales y carencias afectivas.
Muchos de nosotros juzgamos y hasta nos burlamos de la vulnerabilidad juvenil, a veces no nos damos cuenta que somos nosotros mismos con “problemas no resueltos”: adultos narcisistas, frustrados, con dificultades en nuestras relaciones interpersonales, somos papas ausentes o emocionalmente indisponibles, o hijos que tampoco han sanado sus propios traumas. Esta dinámica intergeneracional de heridas no atendidas es el gás, para que los jóvenes sientan incomprensión, soledad y desesperanza, una chispa de fuego y explota todo.
El bullying y el ciberacoso, escaló en las últimas décadas, agravan la situación de los adolescentes, generando un daño psicológico profundo que puede desembocar en conductas autodestructivas e incluso su¡cidi0. La sociedad tiende a responsabilizar a los jóvenes por su supuesta fragilidad, cuando en realidad es un problema multifactorial donde la familia, la escuela y la comunidad deben asumir un rol activo y empático.
Por tanto, la “fragilidad” de los chicos no es un defecto individual sino un síntoma de un sistema adulto que falla en brindar contención, escucha y apoyo emocional. Nosotros los adultos debemos mirarnos hacia adentro y trabajar las heridas para poder acompañar a las nuevas generaciones en su desarrollo emocional y psicológico. Solo así se podrá construir un entorno donde los jóvenes no se sientan invisibles ni desamparados, y donde tragedias no se repitan.
La pregunta ya no es si los jóvenes son frágiles, sino ¿si nosotros somos lo suficientemente valientes para reconocer nuestras propias fracturas y sanarlas?
Hoy, después de Bruno, ya no podemos mirar hacia otro lado. Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de preguntarse: ¿Qué herida mía está lastimando a la próxima generación? El cristal se rompe cuando lo golpeamos, pero se fortalece cuando lo cuidamos con manos que han aprendido a ser gentiles consigo mismas primero.
Psicologa Mónica Bello
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Los jóvenes no son cristal que se quiebra fácil. Son espejos que nos devuelven, con dolorosa claridad, la imagen de lo que aún no hemos sanado en nosotros.
Los jóvenes no son cristal que se quiebra fácil. Son espejos que nos devuelven, con dolorosa claridad, la imagen de lo que aún no hemos sanado en nosotros.

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